miércoles, 30 de agosto de 2017

EL DESALOJO


Florencio Sánchez
(1875 - 1910)


Florencio Sánchez fue el dramaturgo más destacado de la Generación del 900 en Uruguay. Esta obra sobre la que proponemos trabajar es uno de sus sainetes más conocidos.

PROPUESTA DE TRABAJO

Lee atentamente la obra en el siguiente enlace:
https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Sanchez-Desalojo.pdf

1) Recrea la obra en una narración, seleccionando sus personajes más destacados.
2) En la narración haz referencias a la ubicación espacial describiendo los espacios por donde se mueven los personajes.
3) Estima la edad de la protagonista (Indalecia) y su aspecto físico.
4) Describe a la Encargada, sin olvidar mencionar su función de antagonista.
5) Crea dos desenlaces posibles.

Neil Armstrong en Uruguay


Según cuentan las leyendas populares, Neil Armstrong visitó la estancia salteña La Aurora durante la década de los setentas. Los ufólogos afirman que en ese lugar se pueden avistar ovnis e incluso tener contacto con alienígenas.

Lee el siguiente artículo publicado en Montevideo Portal.

http://www.montevideo.com.uy/contenido/NEIL-ARMSTRONG-NO-VISITO-LA-AURORA--62402

PROPUESTA DE TRABAJO 
Anímate a contar tu versión de Neil Armstrong en Uruguay


Escribe una narración teniendo en cuenta las siguientes pautas:

1) Describe al personaje central de la historia, Neil Armstrong haciendo referencia a su aspecto físico, y a sus intereses personales.
2) Ubícalo espacialmente en Uruguay y en una fecha concreta.
3) Describe cómo fue su llegada a la estancia La Aurora y con quién o quiénes se encontró allí.
4) Crea una posible situación de avistamiento de un ovni y un encuentro con un alienígena.
5) En el desenlace intenta dar un cierre a tu historia basándote en ese encuentro que sea humorística.
6) ¿Cuáles serían las declaraciones de Armstrong a la prensa luego de ese encuentro?

CENTINELA

Fredric Brown
(1906 - 1972)

Estaba húmedo, lleno de barro; tenía hambre y tenía frío y se hallaba a cincuenta mil años de luz de su casa.
Un sol daba una rara luz y la gravedad, que era el doble de aquella a la que él estaba acostumbrado, hacía difícil cada movimiento.
Pero en decenas de millares de años esta parte de la guerra no había cambiado. Los pilotos del espacio tenían que ser ágiles con sus diminutas astronaves y sus armas refinadas. Cuando las naves habían aterrizado, era, sin embargo, el soldado de a pie, la infantería, la que tenía que hacerse dueña del terreno, palmo a palmo y costase la sangre que costase. Esto es precisamente lo que sucedía en aquel maldito planeta de una estrella de la que no había oído hablar hasta que puso el pie en él. Y, ahora, era terreno sagrado porque los extranjeros también estaban allí. Los extranjeros, la otra única raza inteligente en la Galaxia..., raza cruel de monstruos abominables y repulsivos.
Se había tomado contacto con ellos cerca del centro de la Galaxia, después de la colonización lenta y dificultosa de unos doce mil planetas; fue la guerra a primera vista; habían disparado sin tan sólo intentar negociaciones o hacer una paz.
Ahora se luchaba planeta por planeta, en una guerra amarga. Se sentía húmedo, lleno de polvo, frío y hambriento, el día era crudo con un viento que dolía en los ojos. Pero los extranjeros estaban tratando de infiltrarse y cada puesto avanzado era vital.
Estaba alerta, con el fusil preparado. A cincuenta mil años de luz de su casa, luchando en un mundo extraño y dudando de si viviría para volver a ver el suyo.
Y entonces vio a uno de aquellos extranjeros que se arrastraba hacia él. Encaró el fusil y disparó. El extranjero dio este grito extraño que ellos dan y después quedó tendido en el suelo.
Le hizo temblar el espectáculo de aquel ser tumbado a sus pies. Uno puede acostumbrarse a ello después de un rato, pero él no lo había logrado nunca. ¡Eran unas criaturas tan repulsivas, con solamente dos brazos y dos piernas, y una piel horriblemente clara y sin escamas...!


PROPUESTA DE TRABAJO
Esta obra es una narración breve de ciencia ficción escrita por el norteamericano Fredric Brown. Te dejo a continuación un cuestionario sobre el texto y una propuesta de trabajo.
1) Lee atentamente el cuento.
2) En todo cuento es la voz del narrador la encargada de darle unidad y coherencia al relato. Esa voz puede identificarse con un personaje o simplemente con una voz que narra sin participar de los hechos. ¿Quién cuenta la historia en este caso?
3) En la narración podemos identificar tres unidades básicas (llamadas aristotélicas). Estas unidades se identifican como de espacio (el lugar donde transcurren los hechos); de tiempo (referencias en el discurso acerca del paso del tiempo o ubicaciones en una época en particular) y de personaje - acción (es decir, el protagonista y los hechos que realiza). ¿Podrías identificar esas unidades?
4) Elimina el último párrafo del cuento y escribe tu propia versión del desenlace.

UNA GOTA

Dino Buzatti (1906 - 1972)



Una gota de agua sube los peldaños de la escalera. ¿La oyes? Tendido en el lecho, en la oscuridad, escucha su misterioso recorrido. ¿Cómo hace? ¿Salta? Tic tic, se escucha con intermitencias. Después se detiene. Ojalá no reviva más por el resto de la noche. Aún sube.
Sube de escalón en escalón, a diferencia de las otras gotas que caen perpendicularmente, de acuerdo a las leyes de la gravedad, haciendo un pequeño ruido que todo el mundo reconoce. Ésta no: se eleva lentamente por el hueco de la escalera, en el desmesurado caserón.
No fuimos nosotros, los adultos, refinados, sensibilísimos, quienes la descubrimos. Fue una joven criadita, escuálida, pequeña e ignorante criatura. La descubrió una noche, tarde, cuando ya todos nos habíamos ido a dormir. Después de un rato, viendo que no se detenía, bajó del lecho y fue a despertar a la patrona.
–Señora –susurró–. ¡Señora!
–¿Qué pasa? –dijo la patrona sobresaltada–. ¿Qué sucede?
–Una gota, señora, ¡una gota que sube los escalones! –dijo la criada a punto de echarse a llorar.
–Vamos, vamos... –se impacientó la patrona–. ¿Estás loca? Vuelve a la cama, ¡march! Seguramente has bebido. ¡Por eso de mañana falta vino de la botella! ¡Desvergonzada! Si crees... –pero la muchachita había huido y ya estaba metida debajo de las frazadas.
“¡Mire lo que se le vino a ocurrir a esta estúpida!”, pensaba en silencio la patrona, que había perdido el sueño. Y escuchando involuntariamente la noche que dominaba el mundo, también ella oyó el curioso rumor. En efecto, una gota subía la escalera. Celosa del orden, la mujer pensó por un instante que lo mejor sería salir a ver qué pasaba. Pero ¿qué hubiera podido encontrar a la miserable luz de la lámpara que colgaba sobre la escalera? ¿Cómo encontrar una gota en plena noche con aquel frío, a lo largo de la rampa tenebrosa?
En los días sucesivos, la noticia se difundió lentamente, de familia en familia y ahora todos lo saben en la casa, aunque prefieran no hablar de eso, como si les diera vergüenza. Pero cuando la noche desciende a oprimir al género humano, muchos oídos se ponen tensos en la oscuridad.
Ciertas noches, la gota calla. Otras veces, en cambio, durante largas horas, no hace más que cambiar de lugar. ¡Arriba, arriba! Se diría que no se va a detener más.
En el momento que el tierno paso parece tocar el umbral, los corazones palpitan con fuerza. Menos mal: no se detiene. Ya se aleja, tic, tic, sigue su marcha hacia el piso de arriba.
Sé con seguridad que los inquilinos de los pisos intermedios, ya se consideran seguros. Creen que habiendo pasado ya la gota frente a su puerta, no volverá a perturbarlos. Otros (yo, por ejemplo, que estoy en el sexto piso) todavía tenemos motivos de inquietud.
Ellos, en cambio, se consideran a salvo. Pero ¿quién les dijo que, en las próximas noches, la gota no decidirá retomar el camino desde el punto adonde había llegado la última vez o que no volverá a comenzar desde el principio, iniciando el viaje desde los primeros escalones, siempre húmedos y oscurecidos por inmundicias abandonadas? No, ni siquiera ellos están seguros.
Al salir de casa, de mañana, por más que uno mire atentamente la escalera, no se descubre rastro alguno. Nada, como era previsible, ni la más pequeña huella. Por otra parte, ¿quién toma esta historia en serio, de mañana? Al sol de la mañana el hombre es fuerte, se convierte en un león, aunque pocas horas antes estuviera temblando.
¿O tal vez la gente de los pisos intermedios tienen razón? Nosotros mismos, que cuando no oíamos nada nos creíamos eximidos, algunas noches escuchamos algo. La gota está todavía lejos, es verdad. Nos llega sólo un tic tic leve, un débil eco a través de los muros.
Siempre hay indicios de que sigue subiendo y se hace cada vez más cercana.
Tampoco sirve para nada dormir en una habitación interior, alejada del hueco de la escalera. Es mejor oír el rumor que pasar las noches en la duda de si sigue estando o no. Los que viven en esos cuartos escondidos a veces no resisten y salen en silencio a los corredores o permanecen muertos de frío detrás de la puerta, conteniendo la respiración, escuchando. Si llegan a oírla, ya no se atreven a alejarse, dominados por un miedo indescifrable. Pero, es peor todavía si todo está tranquilo; en ese caso, ¿cómo saber si precisamente en el momento de regresar a la cama no volverá a comenzar el rumor?
¡Qué vida extraña! ¡No poder hacer reclamos, ni tentar remedios, ni encontrar una explicación que levante el ánimo! Y no poder ni siquiera convencer a los demás, a los vecinos de las otras casas, que no saben nada... Pero ¿qué cosa vendría a ser esa gota? –preguntarían con exasperante buena fe–. ¿Un ratón, quizá? ¿Un sapito escapado de las bodegas?
O acaso insistirían: ¿Será una alegoría? ¿Tal vez se habrá querido con eso simbolizar la muerte? ¿O algún peligro? ¿O los años que pasan? ¡Nada de eso, señores: es simplemente una gota, sólo que sube por la escalera!
¿O más sutilmente, se intenta representar los sueños y quimeras? ¿La tierra esperada y lejana donde presumiblemente está la felicidad? ¿Algo poético, en una palabra? No, de ninguna manera.
¿O los lugares aún más lejanos, en el confín del mundo, a los cuales jamás habremos de llegar? Pero no, les digo, no se trata de un juego, no tiene doble sentido. Se trata, ¡ay de mí!, realmente, de una gota de agua que de noche sube por la escalera. Tic tic, misteriosamente, de peldaño en peldaño. Y por eso mismo es que da miedo.

Dino Buzatti fue un novelista y cuentista italiano del siglo XX, conocido principalmente por su novela titulada El desierto de los tártaros. Este cuento de dejamos pertenece a un subgénero narrativo llamado fantástico, donde el entorno realista se ve alterado por un elemento sobrenatural, inexplicable.


PROPUESTA DE TRABAJO

Cada cuento tiene una voz que le da cohesión al relato. En este caso, ¿esa voz pertenece a un personaje o es una voz externa al relato? Explica tu respuesta brevemente.
¿A quién le habla el narrador?
¿Cuántos personajes encuentras en la narración? 
¿Hay características en sus conductas que los puedan diferenciar?
¿Qué importancia tiene la gota en el cuento?
¿Cuál sería tu reacción si te encontraras en una situación similar?
Crea una narración que transcurra en un espacio conocido donde aparezca un elemento que pueda causar sorpresa por su naturaleza insólita.